La economía insular continúa mostrando un importante dinamismo a comienzos del año 2018, con un mantenimiento de la actividad empresarial y un considerable aumento del empleo.

 

Tenerife supera los ocupados que existían a comienzos de 2007 y sitúa su tasa de paro por debajo del 20%.

 

“El esfuerzo que la sociedad tinerfeña debe realizar para consolidar y mejorar lo alcanzado deber ser más significativo que en el periodo de recuperación de los últimos cuatro años ya que la expansión se ha visto sustentada por algunos elementos cuyos efectos tenderán a agotarse gradualmente”.

 

Durante el primer trimestre del año la coyuntura de Tenerife se desaceleró en algunos sectores de actividad por motivos estacionales, pero continuó mostrando dinamismo, además de un considerable aumento del empleo, con respecto a las cifras de hace un año, atendiendo a los datos del último Boletín de Coyuntura de la isla. De hecho, el número de ocupados asciende a 376.620 personas al cierre del primer trimestre, superándose con ello la cifra de ocupados existentes en la isla antes de la crisis económica iniciada a mediados del año 2007. Un comportamiento favorable ha permitido reducir la tasa de paro en 3,85 puntos durante el último año, situándose en el 19,91% de la población activa, el primer valor por debajo del 20% desde finales del año 2008.

 

A pesar de esta buena tendencia y de unas expectativas empresariales a corto plazo positivas, no cabe duda de que la isla continúa teniendo muchos retos por delante para consolidar su recuperación. Desafíos que, además, deberán contemplar un escenario económico cambiante al que se tendrá que adecuar.

 

Entre los retos internos cabría apuntar la incertidumbre política en la que está inmerso nuestro país y la capacidad de ejecución que pueda tener el nuevo ejecutivo para retomar una normalidad que permita generar la confianza suficiente con la que continuar consolidando la recuperación de nuestra economía. Una normalización que también afectará a la política local, pudiendo condicionar la prudencia y la racionalidad en la toma de decisiones, más si cabe, en un periodo preelectoral como el actual.

 

También será definitorio en este proceso de adecuación al cambio, la aprobación definitiva de los presupuestos generales del estado para 2018, con innegables repercusiones en la inversión pública y en las políticas de empleo de la isla. El convenio de carreteras, el de obras hidráulicas o la reactivación de infraestructuras turísticas, educativas y sanitarias dependen de unos presupuestos que confiamos se aprueben con los compromisos previamente adquiridos por todos los grupos políticos.

 

También están pendiente otras decisiones que afectan a la hacienda, la economía y la fiscalidad del conjunto de islas que conforman el archipiélago como son, la renovación de la parte económica del REF; el nuevo sistema de financiación de las Comunidades Autónomas o la aprobación del Estatuto de Autonomía de Canarias, continuamente demorado en las últimas legislaturas.

 

Externamente la isla de Tenerife tampoco estará ajena al devenir de economías europeas como la italiana, con un reciente y convulso cambio de gobierno, o la británica, condicionada por cómo y en qué condiciones se produzca la salida del Reino Unido de Europa.

 

Otro de los factores que nos afectarán será el comportamiento de los precios de la energía y de los transportes, debido a la subida del petróleo acaecida durante los últimos meses; además influirán sobre la economía y el poder adquisitivo de los ciudadanos, las decisiones de política que acaba de adoptar el Banco Central Europeo con relación a la progresiva retirada de estímulos o a la previsible subida de tipos que se apunta para el segundo semestre del año 2019. Son muchos los interrogantes sobre cuándo y cómo sucederán los cambios, pero lo que ya nadie duda es que estos se producirán.

 

Atendiendo a todas estas circunstancias, desde la Cámara creemos que, en estos momentos, es importante continuar apostando, decididamente, por el crecimiento del conjunto de sectores económicos para poder lograr un desarrollo económico más equilibrado, ahora que comienza a vislumbrase un retroceso en el crecimiento de turistas que visitan la isla por el despunte de destinos competidores como Turquía.

 

Una diversificación productiva que deberá potenciar, en mayor medida, a las actividades industriales y energéticas; a la construcción, por sus importantes efectos directos e indirectos sobre el conjunto de actividades económicas y el empleo de la isla; además de al conjunto de actividades de servicios (transportes, comercio, sectores tecnológicos, servicios sociales…), sometidas, todas ellas, a grandes retos de competitividad y productividad durante los próximos años.

 

Apuesta de futuro en la que los empresarios no queremos ser meros observadores, sino protagonistas, adoptando y aplicando actuaciones privadas y públicas con las que abordar los importantes retos estructurales que todavía limitan nuestras perspectivas de crecimiento futuro, entre los que se podría destacar el elevado desempleo estructural, el envejecimiento de la población, el alto coste de la energía o el reducido nivel de productividad.